Pasaje Sangra 315 - Arica, Chile.
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Mar-Dom 11:00 a 19:00
Adultos $2.000 | Niños y adultos mayores $1.000

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Nicolás Hrepic: «Pensamos en el Museo como una forma de hacer un regalo a Arica»

Profesor de Bilogía y química, Master en Química, formador de profesionales como académico de la Universidad de Tarapacá; nació en Calama en 1937, vivió su infancia en Chiu Chiu, donde su padre tenía terrenos y practicaba agricultura, como en esa época no habían muchos colegios para seguir estudiando se trasladó a Antofagasta donde en el Colegio San Luis concluyó su educación media para luego vivir en Santiago formándose como profesor de Biología y Química en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, donde se graduó y junto a su señora, Gertrudis Cabello, se vinieron a vivir a Arica.
Si bien el plan era estar en el norte por tres años, nunca más dejó la esta ciudad donde educó a sus hijos. Trabajó en el Colegio Medio de Hombres, en el Plan de Educación Integral de Arica, luego pasó a la Universidad de Chile cuando se abrió la sede en la ciudad y sólo a dejado la eterna Primavera para ir a hacer su magister a Estados Unidos y durante sus innumerables viajes por trabajo y vacaciones, donde siempre busca ampliar su colección y darle más vida al Museo del Mar.

La Colección
Yo soy coleccionista por instinto siempre he coleccionado cosas, partí coleccionado estampillas, etc. y en la playa siempre me llamaba la atención las cosas que se veían, las conchitas.
Pero la colección partió en serio en mi 1º cumpleaños acá en Arica (9 de septiembre de 1962), cuando mi señora me regaló 2 conchas del caribe rosadas y de ahí empezamos, empezamos digo porque lo hicimos todos, junto a mi señora y los niños, todos comenzábamos a buscar caracolas.
Luego mis amigos sabían de mi colección, incluso cuando viajan me traen especies de otros lugares y nosotros a medida que vamos viajando hemos ido coleccionando más y más.
En un principio estaban en la casa, tenía un estante y una caja con conchas y a todos el mundo que venía le llamaba la atención y poco a poco fue creciendo, había una cantidad bastante grande.
Yo colecciono concha de todo tipo y hay gente que solo colecciona bellas, yo todas, las fui juntando por lugares. Fui a un viaje a Venezuela y tenía varias en un sector, otro sector de Chile y así de cada lugar donde íbamos coleccionando. En ese entonces de unas no más conocía su nombre científico, por ejemplo el loco que se llama: Concholepas concholepas, pero del resto no.

El Museo:
En realidad se fueron acumulando una cantidad bastante grande de conchas y ya me fueron expulsando de la casa (risas) y una amiga Ariela Gonzáles Yanulaque, que sabía de mi colección y que sabía que yo quería hacer un museo, porque hicimos varios intentos, por lo menos 2 o 3 años antes de que se abriera oficialmente, nos ayudó y me ofreció un lugar para abrir el Museo en Sangra #315, de hecho me ofreció durante el 1º año no pagar arriendo y luego me arrendó en un valor bastante bajo, porque acá en Arica los arriendos son enormemente caros.
Tratamos antes de eso, incluso de arrendar en la estación del ferrocarril donde era la bodega de carga, pero nos tramitaron durante mucho tiempo y no pasó nada, habría sido un trabajo enorme tratar de adecuar ese lugar que era un galpón enorme que era un palomar totalmente cochino, la madera estaba deteriorada, pero aun así le hicimos empeño y no resultó.
Cuando nos instalamos pensamos en un museo también como una forma de Hacer le un Regalo a Arica, teniendo presentes 3 objetivos importantes que nos fijamos:
• Contribuir al desarrollo de la cultura
• Nuevas formas de Educación
• Ser un aporte al Turismo
Yo en ese momento me había jubilado y con los fondos que me dieron empezamos a instalar vitrinas. En ese entonces la primera colección fue de 700 especies, eso ya era una colección bien interesante, luego siguió creciendo hemos ido aumentando a razón de 100 especies por año y en este momento ya hemos llegado a las 1.500 y somos la colección más grande que hay en un museo en Chile.
Al principio comencé a coleccionar que es relativamente fácil y luego comencé a tratar de clasificarlas y eso es mucho más complicado, por lo que fui buscando libros leyendo información y ahí comencé a clasificar. En el museo las 1.500 especies están clasificadas, pero tengo muchas más que están sin clasificación y bueno sin espacio donde poderlas ubicar, porque ya el espacio en el museo está saturado.

Partimos al tiro en el Museo trabajando con una persona que es Alicia Ávila que está desde el día uno y además, con otras dos personas que trabajaban en Sernatur y a ciertas horas nos colaborarán. Al poco tiempo ya me retiré totalmente de la universidad y me puse a atender el museo también.
Como Arica es muy especial tanteamos muchos horarios, empezamos abriendo a las 9:00, pero vimos que era absurdo porque nadie abre antes de las 11:00, y en realidad no pasaba nadie, así que desde las 11:00, ya que era el horario donde todo el comercio de abre. En ese tiempo teníamos doble jornada cerrábamos a medio día y abríamos en la tarde, después vimos que era más conveniente seguir en una jornada continua, porque justamente a la hora que cerrábamos quería entrar más gente por lo que ahí determinamos tener el horario continuado hasta las 19:00horas.

Apoyo de Autoridades
En un comienzo no había interés, yo en un principio traté de postular a unos fondos en el Consejo del Arte y la Cultura y la persona que esta viendo los fondos en ese momento me dijo que este museo no era parte de la cultura así que no tenía opción para postular; no obstante creo que eso ya ha ido cambiando, pero esa fue la primera recepción que tuve.
Luego me presenté a un fondo, un Capital Semilla de Sercotec y con eso pudimos afirmarnos un poco, sobre todo con lo que era más caro que eran las vitrinas, ya conchas habían hartas, pero necesitábamos donde ponerlas y ese financiamiento nos ayudó bastante.
Pero eso no más, porque como somos un museo privado no podíamos postular a fondos públicos y en Arica no hay mecenas que nos puedan apoyar con recursos, es muy difícil conseguir algo, por lo que al principio pudimos mantenerlo solos no más, siempre debimos poner plata nosotros, porque los ingresos de museo no alcanzaban a cubrir ni el 50% de los gastos que demandaba. Por ello tomamos la determinación de abrir una Fundación que nos permitiera postular a determinados fondos.

La Fundación Hrepic
No recuerdo la fecha exacta de cuando comenzó, pero estando la fundación mi hija Nitza se hizo cargo de Proyectos y empezamos a presentar iniciativas en distintas partes, recibiendo aportes de fondos Municipales, fondos Regionales y de Senadis; esto nos ha permitido realizar una serie de proyectos, de hacer crecer al museo y hacer proyectos complementarios.

Los Viajes:
En un principio mi señora y yo presentábamos trabajos de investigación y aprovechábamos de ir a congresos y si era con lugares con costas aprovechábamos el viaje para ir a ver conchas, pero también en otro tipo de viajes que hemos efectuado han sido especialmente para ir a buscar conchas.
Tenemos un lugar al que vamos año por medio que es Sanibel en Florida, que es sin duda el paraíso de los coleccionistas de conchas, porque en esa isla, que está apegada a la península de Florida, donde todas las islas son normalmente son paralelas a la península, esta en particular está está atravesada haciendo de barrera en una zona donde siempre hay huracanes. Estos fenómenos arrastran muchas especies que se van acumulando; incluso siempre después de un temporal va mucha gente a buscar porque aparecen en la playa muchos tipos.
En el lugar hay negocios que venden diferentes tipos de conchas que no sólo son de esa zona, sino que de muchas partes del mundo así que ahí hemos ido recolectando material, no tengo la suma exacta de cuando material viene de ahí, pero si una gran cantidad ha sido traída de Sanibel.
Aunque tengo conchas de la China, cuando fui por un congreso me comuniqué con un Chino que vendía así que traje de allá también. Y bueno como hemos viajando por muchos lugares siempre se trae algo; por ejemplo en Madrid que hay un Museo Mineralógico donde cerca se hace una feria el primer domingo de cada mes donde se venden minerales, que también tengo una colección de ellos, pero ahí también venden cosas como fósiles y bueno conchas donde es un lugar bien interesante para adquirir.
Aunque ahora que lo pienso, uno de los viajes a Venezuela donde fuimos a ver a mi cuñado, en Isla Margarita, recuerdo haber visto un conchal gigante como de 1 kilómetro con especies acumuladas de más e 1 metro de altura y creo que sin duda ese fue un lugar muy especial.
También, un viaje que me ayudó mucho a entender cómo se debía organizar un museo fue en Argentina en Mar del Plata donde había un museo que tenía 3.000 especies en la colección, ese museo ya no existe, porque el estado dejó de enviarles aportes y sin duda es una gran pérdida porque ese museo era un ícono mundial de donde sacamos muchas ideas de cómo exhibir.

¿Hay alguna especie Preferida?
Siempre en el Museo me preguntan eso, yo digo “no sé búsquela ustedes”, porque yo no puedo elegir una.

El público
En un principio no hubo mucha recepción del público, incluso algunos reclamaban porque se les cobraba entrada, ahora al menos ya no, van muchos más, gracias a que tenemos visitas de los colegios, mayormente en mayo, pero van durante todo el año y son los niños los que motivan a los papás y a los abuelitos para regresar.
Además, tenemos la suerte de estar en varias guías turísticas internacionales, que no son como unas páginas amarillas, ellos ven lugares especiales mediante gente que viaja por todo el mundo y esta gente hace las listas de hoteles, restaurantes y museos. Esto nos ha permitido que varios turistas europeos llegan directamente al Museo. En se tipo de Guías se destaca en la ciudad 4 cosas para visitar: El Morro, Los Petroglifos, el Museo de Azapa y nosotros como Museo de Mar.
Bueno esa costumbre no existe en Chile, aunque de a poco ha ido cambiando, tenemos gente que viene desde Punta Arenas, incluso gente que nos dice que nunca se había fijado en las “conchitas” y que después de ver el museo miran con más cuidado lo que pueden encontrar en la playa.
En una oportunidad fue el Fundador de la Sociedad Malacológica de Chile (SMACH), quien me dio unas ideas para el museo y hablamos bastante. Conocí en Santiago también a (Jaime –creo- Ramírez) una persona que ha escrito lo mejor que se hay sobre los moluscos de Chile, quien me regaló ejemplares de sus libros.
En Iquique conocí a Jorge Basli Santamaría que es una de las personas más entendidas de los moluscos en Chile, quien me ha estado colaborando y además tenía una colección.
Y sin dudas, Sergio Nuño de La Tierra en Que Vivimos, una vez fue al museo y me dijo que nunca pensó que fuera de Santiago pudiera existir algo así.

Sueños
El sueños que tenemos, no sólo mío, es de la familia, tener un museo propio, donde no sólo la colección sea importante, sino que la construcción ya en si sea interesante que atraiga al público, lo cual es muy difícil en Arica, por los mismo precios de los terrenos que son muy altos y que hay muchos terrenos que no se usan de forma eficiente siendo estacionamientos; por lo que tratar de conseguir algo es complicado, incluso conseguir la información es difícil, pero, tenemos la esperanza de que en algún momento si vemos una posibilidad podríamos hacer un proyecto.
Me gustaría que fuera en el centro, pero si tiene que ser en zona segura en caso de una emergencia, debe tener buena ubicación pensando en los turistas que son la gran mayoría de los visitantes y debemos estar a su alcance.